El director es la máxima autoridad de una orquesta. Más allá del nivel de estudios, se requiere mucha imaginación, capacidad comunicativa y vocación. Los gerentes tienen mucho que aprender de los directores: el plan de negocios es su propia partitura.

Si usted conoce a algún integrante de una orquesta sinfónica, seguramente lo habrá escuchado referirse al director de la orquesta como “Maestro”. Esto es porque el director es la máxima autoridad en una orquesta. Es la principal referencia para los músicos. El director es quien coordina a los músicos y hace que cada instrumento suene cuando le corresponde y de la mejor manera posible. Indica el tiempo y la velocidad a los cuales debe tocarse cada nota. Además de los matices de la ejecución el director comanda los ensayos, y debe entender la composición que está dirigiendo, para transmitir esto a los músicos. También escoge el repertorio que será ejecutado en cada temporada. El director es el responsable del sonido de la orquesta.

Una nota del periódico El Mundo establece que “dirigir encierra en sí mismo una responsabilidad con la estética de la música y en ese sentido un buen director, además de conocer profundamente la música que interpreta y la técnica de la dirección, debe impregnarle a cada movimiento su sentido interno que no es más que la manifestación del pensamiento hecho sonido, es un principio ético”.

El mito del súper hombre

Según el Maestro Francisco Navarro Lara, Director Titular de la Orquesta y de la Banda Sinfónica Municipal de Huelva (España), autor del libro “Los Secretos del Maestro” y egresado de Hochschule Für Musik de Viena, del mismo lugar donde estudiaron directores de la talla de Claudio Abbado, anteriormente se pensaba que para estudiar dirección orquestal había que ser una especie de súper hombre: tocar todos los instrumentos, ser un gran pianista, ser un gran compositor. Esto no es verdad. El Maestro Navarro Lara aclara que para estudiar dirección orquestal sólo hay que tener un nivel medio de estudios musicales. Lo más importante es tener imaginación, porque las notas son sólo signos, un lenguaje escrito, que debe ser interpretado y sentido por el director.

La imaginación es la mayor capacidad que puede tener un director. Es lo que permite trascender lo material, y llegar hasta el espíritu del público. Otro requisito es tener una gran capacidad de comunicación con los músicos y con la audiencia, aparte de las instancias administrativas y con la prensa. Se debe tener igualmente una férrea vocación. La carrera de director es ferozmente rigurosa y una gran vocación es determinante.

Empresas que suenan bien

Pero, ¿Qué puede aprender un gerente de un director de orquesta? La armonía de los objetivos, llevar el ritmo de la organización, manejar los tiempos del proyecto, la sintonía entre los miembros del equipo, son términos musicales que se usan en las empresas. La partitura del presidente de una empresa es el plan de negocios de la compañía, y sus músicos los miembros del equipo.

Alfred Brendel, pianista de origen austriaco-checo, dice que no piensa en notas cuando está en el escenario; piensa en crear una experiencia. Los ejecutivos pueden desarrollar esa capacidad de generar experiencias más allá de centrarse en solucionar problemas. La tendencia más vanguardista en el mundo de los negocios se llama Customer Experience, es dar foco a la experiencia de compra para consolidar marcas que la gente ame, Lovemarks.

El director de orquesta empodera a los músicos. Lo mismo debe hacer un alto gerente. Un gran director de orquesta, no dice a los ejecutantes cómo hacer música: hace música con ellos. Lo que en las orquesta de jazz se conoce como groove, equivalente al know how en las empresas. Es lo que hace que tanto empleados como clientes quieran ser fieles a ellas.

Tanto un gran director de orquesta como un gran gerente deben tener una sana dosis de narcisismo sin perder la humildad. Con una sólida confianza en sí mismos pueden cambiar la manera corriente de hacer las cosas. Director y gerente deben estar abiertos a aprender de su equipo y mantener vivo el diálogo entre los integrantes del mismo.

La motivación del equipo y la alineación del mismo son las metas esenciales del líder del siglo XXI, y precisan una mezcla de humildad y voluntad. En el mundo de la música Claudio Abbado es un ejemplo de ello y en el de los negocios, Darwin Smith, quien dirigió Kimberly-Clark entre 1971 y 1991. Su estilo ha sido denominado Liderazgo de Nivel 5: humildad personal y voluntad profesional.